Emergencia tecnológica en Canarias: ¿y si le pasa a tu negocio?

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Una caída de servidores ha paralizado los sistemas del Gobierno canario. ¿Están preparadas las empresas privadas para una crisis similar?

Desde el pasado 1 de julio, Canarias vive una situación inédita: se ha declarado el estado de emergencia tecnológica tras sufrir una caída masiva de servidores que afectó al 24% de los mismos y dejó fuera de servicio gran parte de su infraestructura digital. Más de 1.250 servidores quedaron fuera de servicio, provocando interrupciones en servicios críticos y revelando, sin anestesia, la fragilidad de la infraestructura digital sobre la que se sostiene la administración pública.

¿Cómo se llega a este punto de colapso informático?

Aviso de la web del Gobierno de Canarias sobre la Emergencia Tecnológica
     Aviso del Gobierno de Canarias sobre la Emergencia Tecnológica

El 24 de junio, una anomalía en la plataforma de virtualización que gestiona los servidores del Gobierno de Canarias desencadenó una caída en cadena. Concretamente, el fallo se produjo en un sistema llamado VMware vSphere, encargado de alojar más de 5.000 servidores.

La corrupción de datos se extendió rápidamente, afectando a 1.253 de esos servidores, es decir, a una cuarta parte de la infraestructura de almacenamiento de la administración canaria.

Los sistemas afectados no eran menores: quedaron fuera de servicio la plataforma de verificación ciudadana, el sistema de inicio de sesión único para empleados públicos, la sede electrónica, el correo corporativo, el Boletín Oficial de Canarias, e incluso aplicaciones para gestionar expedientes, enviar mensajes o tramitar documentos.

Las causas exactas de esta aún se están investigando, pero todo apunta a un error interno relacionado con el sistema de almacenamiento, posiblemente agravado por tareas de mantenimiento realizadas en ese momento.

Todo ello se pudo ver intensificado por una combinación explosiva de obsolescencia, falta de inversión continuada en infraestructura crítica y, probablemente, una arquitectura técnica sobredimensionada y poco resiliente. Se habla también de fallos en los sistemas de respaldo y de una capacidad de respuesta que no estuvo a la altura del impacto.

Las consecuencias fueron inmediatas: trámites paralizados, ciudadanos sin acceso a servicios clave, y una administración entera intentando recuperarse sin planes de contingencia efectivos ni estructuras de respaldo ágiles.

Pero lo realmente preocupante no es el fallo: es que el fallo era previsible.

El verdadero problema: no solo falló la tecnología, sino cómo se gestionó

Uno de los aspectos más preocupantes fue la disparidad entre lo esperado en teoría y lo ocurrido en la práctica. Aunque no hay datos oficiales sobre objetivos específicos de recuperación (RTO), el Gobierno reconoció que la restauración de los servicios no fue rápida y que la recuperación completa podría extenderse durante meses, previéndose «caídas puntuales».

En definitiva, el problema no fue solo el fallo inicial, sino la ausencia de mecanismos efectivos de recuperación inmediata, como los planes de alta disponibilidad, planes de failover automáticos o sistemas de respaldo activos que permitieran restablecer el servicio en minutos u horas. La falta de una red de seguridad tecnológica amplificó el impacto operativo y complicó significativamente la respuesta.

¿Por qué? Faltaban protocolos, planificación y pruebas

Al analizar el caso en profundidad, se detectaron varios fallos organizativos y técnicos:

  • No se aplicaron correctamente los protocolos internacionales de gestión de incidentes. En una situación crítica como esta, debió haberse activado un equipo de respuesta de emergencia en los primeros 15 minutos. No ocurrió.
  • No había planes de continuidad operativa actualizados ni bien probados. Documentos clave como el Plan de Continuidad del Negocio (BCP) o los planes de recuperación no estaban al día ni se habían puesto a prueba en simulacros reales.
  • No se habían evaluado los riesgos de manera regular. Organizaciones como el National Institute of Standards and Technology (NIST) recomiendan probar los planes de recuperación cada trimestre. No se hizo.

Además, no se contaba con sistemas redundantes, ni con copias de seguridad automatizadas, ni con protocolos de actuación clara para este tipo de emergencias. En otras palabras, no se estaba preparado.

En entornos tecnológicos donde el mantenimiento correctivo se antepone al preventivo, donde los parches conviven con sistemas legacy y donde la inversión en ciberseguridad es vista como un coste y no como una necesidad estratégica, estas situaciones no son una distopía: son el presente.

Canarias necesita (re)construirse digitalmente

Lo que estamos viviendo no es un problema puntual. Es un síntoma de algo más profundo: una transformación digital incompleta, desequilibrada, mal planificada o insuficientemente protegida.

Podría parecer que esto solo le ocurre a la administración, pero no. La emergencia tecnológica vivida en el Gobierno canario no es un caso aislado ni una rareza. Es el tipo de situación que puede producirse en cualquier organización, pública o privada, si no se cuenta con una estrategia de continuidad operativa y resiliencia digital.

En Canarias, muchas PYMEs y empresas operan todavía con estructuras tecnológicas vulnerables: sin copias de seguridad fiables, sin procedimientos claros de respuesta ante fallos y sin formación adecuada para su personal.

¿Puede una emergencia tecnológica como esta afectar a tu empresa?

Hoy en día, la tecnología es el núcleo de la actividad de cualquier empresa. Si falla, todo se detiene. Por eso, prepararse no es un gasto, es una inversión en estabilidad y reputación.

Las pequeñas y medianas empresas canarias —especialmente en sectores como el turismo, la automoción, la logística o los despachos profesionales— comparten muchas de las debilidades estructurales que han dejado en jaque a la administración: infraestructuras anticuadas, dependencia de sistemas monolíticos, falta de políticas de contingencia y una ciberseguridad que muchas veces se reduce a tener un antivirus instalado.

¿Sabrías cómo actuar si mañana tus aplicaciones dejan de funcionar o pierdes acceso a tus datos? ¿Tu empresa podría continuar operando sin acceso a su red, su software de gestión o sus plataformas online?

Esta emergencia tecnológica debe ser un punto de inflexión también para el tejido empresarial canario

¿Cómo evitar una crisis digital de este tipo?

Al igual que el sector público necesita rediseñar su arquitectura digital, las empresas también deben repensar sus sistemas. Lo que marca la diferencia no es evitar los fallos —porque tarde o temprano alguno llegará— sino estar preparado para responder de forma rápida, ordenada y eficaz.

En Grupo Copicanarias llevamos años insistiendo: digitalizar no es comprar equipos ni instalar software. Digitalizar es repensar procesos, invertir estratégicamente, rodearse de los partners adecuados y prepararse para lo inevitable: el riesgo.

Este episodio debe ser un toque de atención —y una oportunidad— para repensar cómo queremos que sea nuestro ecosistema digital en Canarias. Público y privado. Reactivo o resiliente. Expuesto o blindado.

Porque la distopía ya no es futura. Está aquí. Pero también lo están las soluciones. Reforzar la infraestructura digital requiere actuar en varios niveles. Estas son algunas de las medidas más relevantes:

  • Infraestructura robusta: Es fundamental que los servidores, redes y aplicaciones estén diseñados para soportar fallos. Por ejemplo:
    • Tener copias duplicadas de los sistemas más importantes que entren en funcionamiento automáticamente si algo falla.
    • Usar tecnología que distribuya el trabajo entre varios servidores para evitar sobrecargas.
    • Contar con almacenamiento seguro y con mecanismos de autoverificación que detecten problemas antes de que se extiendan.
  • Redes y conectividad fiables
    • Conexiones a internet redundantes, con distintos proveedores.
    • Dispositivos de red configurados para detectar y corregir errores automáticamente.
    • Sistemas que prioricen el tráfico según la importancia del servicio.
  • Aplicaciones preparadas para resistir
    • Aplicaciones divididas en pequeños módulos (microservicios) para que si uno falla, el resto siga funcionando.
    • Sistemas de verificación automática que midan el estado de cada servicio en tiempo real.

Y, para todo ello, hay dos claves básicas: medir y planificar.

Aviso de la web del Gobierno de Canarias sobre la Emergencia Tecnológica

Lo que toda organización debería tener activo ya

La emergencia tecnológica del Gobierno de Canarias no es solo una anécdota: es un caso de estudio. Y como tal, deja varias enseñanzas críticas que tanto organismos públicos como empresas privadas deben incorporar a su estrategia digital. En un escenario donde los ciberataques, errores humanos o fallos técnicos pueden paralizarlo todo, hay pilares que ya no son opcionales:

1. Evaluación y auditoría tecnológica continua

Conocer a fondo tu infraestructura es el primer paso para tomar decisiones informadas y sostenibles. Pero no es un trabajo puntual, sino un proceso constante.

Es imprescindible identificar qué sistemas son esenciales, qué consecuencias tendría perderlos, y qué alternativas tendrías para continuar operando si algo falla. Para ello, es altamente recomendable contar con auditorías tecnológicas regulares, que permiten reconocer el estado real de la infraestructura y sus necesidades de seguimiento o mejora.

2. Estrategia de continuidad de negocio bien definida

¿Qué pasaría si mañana caen tus servidores? ¿Y si un ransomware bloquea tus datos?

La planificación de continuidad tecnológica del negocio debe contemplar estos escenarios y ofrecer respuestas concretas. Tener un plan B no es opcional, es imprescindible integrar estos escenarios en una con protocolos claros y realistas que te permitan seguir operando —aunque sea parcialmente— ante cualquier contingencia.

Y aquí es donde entra una pieza crítica: las copias de seguridad. No basta con “tener backups”. Deben estar almacenados en ubicaciones seguras, ser accesibles con rapidez y probarse periódicamente en simulacros reales. Un backup que no funciona cuando más se necesita no es una solución, es una falsa seguridad.

3. Inversión estratégica en infraestructuras

No se trata solo de prevenir errores o ataques, sino de diseñar infraestructuras resilientes, segmentadas, con capacidades de recuperación eficaces. La mejor forma de digitalizarse es digitalizarse bien y esto significa apostar por tecnologías con recorrido, como arquitecturas modulares, entornos de cloud híbrido, virtualización avanzada y soluciones con soporte técnico sólido y activo.

Además, la ciberseguridad es en nuestros días un centro clave de estabilidad tecnológica. Pero va más allá del antivirus y el firewall. La ciberseguridad moderna es transversal: afecta al diseño de red, al acceso de usuarios, al control de dispositivos, y a los planes de recuperación.

Y, para todo ello, no todas las soluciones del mercado ofrecen el mismo nivel de garantía. Aliarse con proveedores tecnológicos de confianza para la dotación de servidores, conectividad, ciberseguridad y protección de datos, puede marcar la diferencia entre una recuperación rápida o el colapso total de los sistemas.

4. Formación y cultura tecnológica interna

La tecnología no puede quedarse en manos exclusivas del departamento IT. Tu equipo debe saber cómo actuar en los primeros minutos de un incidente. Saber a quién avisar, qué servicios pueden mantenerse activos y cómo trabajar con herramientas alternativas.

Directivos, mandos intermedios y empleados deben tener competencias básicas para actuar con criterio ante un incidente: saber identificar un fallo, activar los protocolos correspondientes y mantener la operativa mientras se resuelve. Y para ello, es imprescindible contar con formación y capacitación constante y a la altura de las necesidades del negocio y su tecnología.

5. Definición del Plan de Emergencia Tecnológica

Lo que reveló la emergencia tecnológica del Gobierno es que la gestión de crisis no improvisa. Existen siete pasos clave que todo Plan de Contingencia debe tener perfectamente definidos, probados regularmente mediante simulacros, y ejecutados por equipos entrenados.

Para cualquier empresa u organización, implementar esta metodología de 7 pasos no es opcional: es la diferencia entre una interrupción controlada y un colapso sistémico. Una crisis tecnológica bien gestionada puede resolverse en horas; mal gestionada, puede prolongarse semanas y dañar irreparablemente la confianza pública y la continuidad operativa.

El proceso de gestión de crisis tecnológicas sigue una metodología estructurada que, de haberse aplicado correctamente durante la emergencia del Gobierno de Canarias, habría minimizado significativamente el impacto y los tiempos de recuperación. A continuación, se detallan las siete fases esenciales:

  1. Detección del Desastre: El primer paso es la identificación temprana del incidente. En el caso del Gobierno canario, la corrupción de los discos virtuales de VMware vSphere debería haber activado alertas automáticas inmediatas. Un sistema robusto de monitorización habría detectado la anomalía en los primeros minutos, no horas después de que los servicios comenzaran a fallar.
  2. Notificación Inmediata; Una vez detectado el problema, debe activarse un protocolo de comunicación en cascada: primero al equipo técnico de respuesta, después a los responsables de cada servicio afectado, y finalmente a usuarios y ciudadanía. La comunicación debe ser clara, frecuente y transparente sobre el estado de los sistemas.
  3. Evaluación del Impacto: Esta fase crítica requiere análisis rápido pero riguroso del alcance del daño. ¿Qué sistemas están completamente caídos? ¿Cuáles funcionan parcialmente? ¿Qué servicios críticos deben priorizarse? En Canarias, esta evaluación determinó que 1,253 servidores estaban afectados, pero debería haberse completado en las primeras 2 horas.
  4. Activación del Plan de Recuperación (DRP): Aquí es donde se pone a prueba la planificación previa. El Disaster Recovery Plan debe contener procedimientos específicos, responsabilidades definidas y recursos pre-asignados. La ausencia de un DRP actualizado y probado fue una de las causas del prolongado tiempo de recuperación en el caso canario.
  5. Proceso de Recuperación: La ejecución de las medidas de restauración debe seguir un orden de prioridades establecido: primero los sistemas críticos (autenticación, comunicaciones básicas), después los servicios esenciales (sede electrónica, tramitación), y finalmente los complementarios. Cada paso debe estar documentado y verificado.
  6. Medidas de Contingencia: Mientras se ejecuta la recuperación principal, deben activarse soluciones temporales que permitan mantener la operatividad mínima: sistemas alternativos, procesos manuales documentados, canales de comunicación de respaldo. Estas medidas garantizan que el servicio no se interrumpa completamente.
  7. Recuperación Completa y Validación: La fase final implica no solo restaurar todos los sistemas, sino verificar su funcionamiento integral, documentar las lecciones aprendidas, y actualizar tanto los planes de recuperación como las medidas preventivas. Sin esta validación completa, la organización queda vulnerable a futuros incidentes similares.

Una oportunidad para mejorar

Con todo ello, la emergencia tecnológica vivida en Canarias nos enseña las consecuencias de la ausencia de planificación y prevención. Una lección fundamental para comprender que, hoy más que nunca, la modernización digital debe ir acompañada de una arquitectura robusta, protocolos de actuación claros y una cultura organizativa orientada a la excelencia operativa.

La continuidad de los servicios no puede quedar en manos de la suerte: requiere preparación, inversión y compromiso técnico.

En Grupo Copicanarias, ayudamos a empresas y administraciones a anticiparse, no solo a digitalizarse. Diseñamos infraestructuras sólidas, planes de contingencia realistas y protocolos que funcionan. Porque en un entorno donde la incertidumbre tecnológica es constante, lo que garantiza la continuidad es estar un paso por delante.

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