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La inflación tecnológica no para de crecer: ¿sabes combatirla con planificación?

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La subida de precios en la memoria, el almacenamiento y otros componentes está provocando un crecimiento de los costes que complica las renovaciones de tecnología a las empresas.

La tecnología empresarial lleva meses moviéndose en un contexto de costes cada vez menos estables. Es lo que ya se conoce como «inflación tecnológica». Memoria, almacenamiento y componentes clave para ordenadores, servidores y dispositivos profesionales están experimentando fuertes tensiones de precio impulsadas por la demanda global ligada a la inteligencia artificial, los centros de datos e la infraestructura avanzada.

Gartner prevé que el coste de memoria en PCs alcance en 2026 hasta un 23% del coste total del equipo, frente al 16% registrado en 2025. La consultora también estima que los precios combinados de DRAM y SSD aumentarán un 130% a finales de 2026, con un efecto directo en el precio final de los equipos: los PC podrían subir un 17% y los smartphones un 13% frente al año anterior.

IDC apunta en la misma dirección. Su análisis sobre la crisis global de memoria señala que los fabricantes están orientando capacidad de producción hacia componentes de alto rendimiento para inteligencia artificial y centros de datos. El resultado es una menor disponibilidad relativa de DRAM y NAND para mercados como PC y smartphones, con presión creciente sobre precios y configuraciones.

Counterpoint Research, por su parte, situó la subida de precios de memoria entre el 80% y el 90% en el primer trimestre de 2026 respecto al trimestre anterior, con aumentos en DRAM, NAND y HBM. La palabra “inflación” empieza a sonar cada vez menos ajena al mercado tecnológico.

Mientras tanto, distintos análisis del sector ya hablan abiertamente de «inflación tecnológica” para describir una situación que empieza a sentirse en servidores, ordenadores, almacenamiento, dispositivos empresariales y renovación de infraestructura IT.

Y es aquí donde aparece una cuestión importante para cualquier empresa: ¿cómo mantener un parque tecnológico eficiente y actualizado cuando los precios dejan de ser previsibles?

La tecnología también envejece aunque el presupuesto no quiera

Un ordenador puede seguir encendiendo cada mañana y, aun así, haberse quedado corto para el trabajo real de la empresa. Un servidor puede continuar operativo, pero arrastrar más riesgo, más lentitud o más dependencia de mantenimiento correctivo. Una red puede funcionar “lo justo” hasta que crece el equipo, aumenta el tráfico o se incorporan nuevas aplicaciones. Un TPV, una impresora profesional o un dispositivo de captura de datos pueden seguir ahí, pero con menos margen para integrarse bien en procesos más modernos.

La inflación tecnológica complica una realidad que las empresas ya conocen: la tecnología no se renueva cuando apetece, sino cuando el negocio empieza a necesitarlo. Más puestos, más datos, más movilidad, más seguridad, más documentación digital, más aplicaciones, más trabajo en la nube, más exigencia en atención al cliente o más necesidad de trazabilidad.

En una pyme, esa presión se nota en lugares muy concretos. Administración necesita equipos que respondan bien con aplicaciones de facturación, correo, hojas de cálculo y documentación compartida. Un comercio depende de TPV, impresoras, red y dispositivos de cobro. Un hotel o alojamiento turístico necesita sistemas ágiles para reservas, check-in, cobros y documentación de clientes. Un despacho profesional trabaja con expedientes, firmas, archivos, impresiones y escaneos. Un centro sanitario depende de acceso a citas, historiales, consentimientos y documentos sensibles.

Cuando la renovación se retrasa demasiado, el coste no aparece solo en la compra futura. También aparece en lentitud, averías, incidencias, menor productividad, incompatibilidades, más soporte reactivo y decisiones tomadas con prisas.

El coste de renovar de golpe pesa más en un mercado tensionado

Muchas empresas descubren el coste real de su parque tecnológico cuando necesitan renovarlo de golpe.

Un equipo aislado puede parecer asumible. El problema aparece cuando varios puestos se quedan obsoletos a la vez, cuando un servidor necesita sustitución, cuando la red ya no sostiene el volumen de trabajo, cuando hay que actualizar TPV, sustituir portátiles, ampliar almacenamiento o incorporar dispositivos profesionales para nuevos procesos.

En un mercado de precios estables, esa renovación ya exige planificación. En un contexto de inflación tecnológica, exige todavía más cuidado.

La presión sobre memoria y almacenamiento, como hemos visto, está teniendo un efecto especialmente sensible en las empresas porque toca necesidades tecnológicas muy habituales: ordenadores, portátiles, servidores, discos SSD, equipos con más capacidad, dispositivos profesionales y soluciones que dependen de configuraciones mínimas para trabajar con fluidez.

Gartner advierte, además, de que el aumento del coste de memoria puede concentrar la demanda en dispositivos premium y dejar menos margen para equipos de entrada. Traducido al terreno empresarial: renovar “barato” puede ser cada vez más difícil si las configuraciones básicas suben de precio o si los fabricantes reducen prestaciones para contener costes.

Ahí aparece una tensión clara para muchas empresas: alargar la vida útil de equipos que ya van justos o asumir una inversión más alta en un momento poco cómodo.

Inflación tecnológica y planificación: el presupuesto necesita más margen

La tecnología empresarial suele tener una trampa discreta: parece un gasto puntual hasta que se mira como sistema.

Los ordenadores dependen de licencias, seguridad, mantenimiento, soporte, periféricos, red, almacenamiento, copias, usuarios, garantías y ciclos de renovación. Los equipos de impresión implican contar con consumibles, asistencia, sustitución, mantenimiento, configuración y seguridad documental. Un servidor arrastra copias, rendimiento, almacenamiento, continuidad y soporte. Un TPV conecta ventas, cobros, inventario, impresión, red y atención.

La inflación tecnológica obliga a mirar ese conjunto con más previsión. No basta con comprar cuando algo falla o cuando el equipo ya no puede más. Conviene saber qué se va a renovar, cuándo, con qué prioridad y bajo qué fórmula.

Ese mapa permite anticipar decisiones: qué puestos necesitan sustitución antes, qué equipos pueden mantenerse, qué dispositivos conviene agrupar, qué servicios deben incluir mantenimiento, qué sistemas requieren soporte más cercano y qué parte del parque tecnológico admite una renovación progresiva.

La planificación no elimina la subida de precios. Lo que consigue es reducir el golpe de las decisiones improvisadas.

Renting tecnológico: convertir renovación en una estrategia más previsible

En este escenario, el renting tecnológico gana sentido como herramienta de planificación empresarial. Su valor no está únicamente en evitar una compra inicial elevada, aunque ese punto pueda ser importante. Su valor está en ordenar renovación, mantenimiento, soporte y actualización dentro de un esquema más previsible.

Cuando una empresa compra tecnología de forma puntual, asume de una vez el coste del equipo y después gestiona mantenimiento, reparación, sustitución y renovación como necesidades separadas. Con el tiempo, ese modelo puede generar un parque tecnológico desigual: equipos nuevos junto a otros muy antiguos, garantías vencidas, incidencias repetidas, compras urgentes y poca visibilidad sobre el coste real de cada puesto o dispositivo.

El renting tecnológico permite plantear la tecnología como un ecosistema planificado. La empresa puede acceder a ordenadores, portátiles, servidores, impresoras, TPV, lectores de códigos, equipos audiovisuales u otros dispositivos profesionales con cuotas periódicas, mantenimiento asociado y posibilidad de renovación según necesidades.

En un contexto de subida de precios tecnológicos, esa previsibilidad pesa más. Permite repartir mejor la inversión, evitar renovaciones masivas inesperadas y mantener el parque tecnológico más alineado con la actividad real del negocio.

Mantener el parque tecnológico ordenado también reduce incidencias

La inflación tecnológica suele analizarse desde el precio de compra, pero la empresa nota el impacto en más sitios. Un equipo envejecido puede fallar más. Un dispositivo sin mantenimiento puede generar más interrupciones. Un parque desigual puede complicar soporte, seguridad, actualizaciones y compatibilidades. Un servidor al límite puede convertir cualquier crecimiento en un problema.

Planificar el parque tecnológico permite ordenar mejor esas piezas. Saber qué equipos existen, qué antigüedad tienen, qué rendimiento ofrecen, qué garantías conservan, qué funciones cumplen y qué prioridad tienen dentro de la empresa ayuda a tomar decisiones menos reactivas.

Esta idea afecta a muchas capas del negocio: puestos de trabajo, impresión, red, servidores, dispositivos de movilidad, TPV, audiovisuales, almacenamiento y, en general, soluciones tecnológicas conectadas a procesos de administración, ventas, atención, logística o documentación.

Cuando el mantenimiento y la renovación forman parte del mismo planteamiento, la empresa gana margen. Puede reducir paradas, evitar compras de urgencia, mejorar la homogeneidad de equipos y trabajar con una previsión más clara del coste tecnológico.

La Pyme también necesita estrategia tecnológica

El renting tecnológico suele asociarse a grandes empresas, pero su lógica encaja especialmente bien en Pymes que necesitan tecnología fiable sin tensionar cada renovación.

Una empresa pequeña o mediana no siempre puede permitirse renovar de golpe diez puestos, un servidor, una impresora multifunción, equipos de red o dispositivos de punto de venta. Tampoco le conviene estirar los equipos hasta que el fallo imponga el calendario. Entre esos dos extremos, el renting puede ayudar a ordenar mejor la renovación.

Para una Pyme canaria cobra especial relevancia porque su actividad puede depender de varios centros, equipos comerciales, personal en movilidad, oficinas con atención al público, comercios, hoteles, despachos, clínicas, almacenes o servicios que trabajan entre islas. La tecnología no es una pieza decorativa del negocio. Sostiene procesos de cobro, gestión, comunicación, documentación, archivo, impresión, seguridad y atención.

Cuando los precios tecnológicos suben, la decisión de renovar se vuelve más sensible. Por eso, tener una fórmula que permita planificar cuotas, mantenimiento y actualización puede ayudar a mantener el ritmo sin convertir cada inversión en una tensión presupuestaria.

Comprar, alquilar o hacer renting: la decisión depende del uso

Aún y con el ello, el renting tecnológico no tiene por qué ser la única forma de adquirir tecnología para los negocios. Hay equipos que pueden comprarse directamente. Otros pueden alquilarse para necesidades temporales. Otros tienen más sentido dentro de una fórmula de renting por su uso continuado, su coste, su mantenimiento o su necesidad de renovación.

La decisión depende del tipo de equipo, del plazo de uso, del ritmo de actualización, de la criticidad del dispositivo y de la capacidad interna para mantenerlo.

Un evento, una campaña o un refuerzo puntual pueden encajar mejor en alquiler. Una renovación estable de puestos, impresoras, servidores, TPV o audiovisuales puede tener más sentido en renting. Una compra directa puede ser adecuada cuando el equipo tiene un uso muy concreto, un coste asumible o una larga vida útil.

Lo importante es que la empresa tenga criterio antes de decidir. Y el actual contexto de inflación tecnológica hace que ese criterio sea todavía más necesario.

Planificar tecnología también protege el presupuesto

La subida de precios en memoria, almacenamiento y componentes no significa que todas las empresas deban cambiar de modelo de adquisición de inmediato. Pero sí señala una realidad que conviene atender: renovar tecnología con poca previsión puede salir cada vez más caro.

La empresa que conoce su parque tecnológico, identifica equipos críticos, anticipa renovaciones y calcula mejor mantenimiento, soporte y actualización tiene más margen para decidir. También puede amortiguar mejor los cambios de precio, evitar compras precipitadas y mantener sus sistemas alineados con lo que el negocio necesita.

El renting tecnológico entra ahí como una herramienta útil para convertir inversión tecnológica en planificación. No resuelve por sí solo la inflación tecnológica, pero ayuda a ordenar una parte importante del problema: cuándo renovar, cómo mantener, qué coste prever y qué margen conservar para que la tecnología acompañe al negocio sin convertirse en una sorpresa en el presupuesto.

En un mercado inestable, planificar es más primordial que nunca. Es la forma de proteger la operativa, el presupuesto y la capacidad de seguir trabajando con equipos a la altura de cada momento.

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